Office 2006

“Para qué luchar contra el fuego, si es imposible. Además es invierno y hace frío”, debió pensar la hipotética mente del bloque situado entre Bailén y Sanchez Lopez, al final de la avenida Conde de Patuña.
Cristales traslúcidos, jóvenes trajeados, mármoles, mensajeros acelerados, habitantes de loft amplios, oficinistas del Playboy especial “Traseros grandes” y formas arquitectónicas imposibles se apoderaban ahora de la segunda versión de la casa.
Fue precisamente el del 3-B, agencia trasnochadora por su relación con empresas transoceánicas, quien dio la voz de alarma: Los movimientos de muebles, las voces a gran volumen, una música ensordecedora y el ruido de vasos traspasaban las separaciones físicas entre paredes y techos.
Los chicos y chicas de Condimentos Glasse aseguraban que tras acabar la jornada laboral, desocupaban el edificio. La oficina dedicada a importar el maldito polvo blanco repostero que tantas trabas solía encontrar en las aduanas, juraban y perjuraban que por la noche estaban en sus casas, en sus bares, en sus coches o en sus saunas.
Presionados por el resto de inquilinos colocaron cámaras y sensores de movimiento, intentando explicar lo inexplicable. Lo que vieron sus ojos fue inaudito, propio de programas de espíritus, apariciones y supercherías del Más Allá.
“¡Que horror de día! ¡Pensé que el puto pesado este no se iba a ir nunca!”, afirmaba la caja de 120x80 que se encontraba junto a la cristalera, a lo que el resto del mobiliario respondió con una sonora carcajada. Caja tenía ganas de juerga: “¡Oye, vaso! Habla con frigo, que te pase unos hielos, y vete abriendo el 12 años del cajón del jefe”.

Al fondo, sujetando un vaso y apoyado en la pared, tímido pero con los brazos abiertos a cualquier tema, el perchero escrutaba la habitación, esperando que chaqueta se dejara caer por allí, cosa que pocas veces ocurría. A su lado, la bonachona butaca empezaba a hacer buenas migas con HIFI, demostrando que era buena oyente.
La cosa se fue animando, y fue la propia HIFI la que se colocó en posición trotona a "grandes éxitos", su redondeada amante digital. El mobiliario se desbordó entre movimientos arrastrados y grandes saltos.
La zona VIP, el reservado localizado en los cajones del armario de diseño, comenzaba a poblarse con folios y carpetas que buscaban algo de intimidad para su roce y dis-frote.
Cerca de las 7 de la mañana cada mueble fue tomando su ubicación habitual. Había que descansar un poco antes de la dura jornada de trabajo que les venía encima. La cafetera comenzó a funcionar a pleno rendimiento. Cortado, cortado doble, corto de café. Todo era poco para ir despertándose.
En una esquina, lapicero había dejado serrín, huella ineludible de su gran borrachera. Por supuesto, no pudo completar la pasión amorosa prometida a Sacapuntas. Le fue imposible mantenerse erguido.
Como todos los días, a eso de las 8, la llave giraba y la puerta de entrada, guardiana de correrías nocturnas, se abría.
